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9 joyas ocultas de Madrid que no aparecen en las guías

Madrid suele presentarse al mundo con traje de gala: el Prado, la Puerta del Sol, la Gran Vía iluminada, el Retiro. Es la imagen que aparece en todas las guías, la que persiguen las cámaras de los turistas y la que llena de orgullo a los madrileños. Pero la capital guarda otra cara, más íntima y secreta, que solo se la conocen los que deciden salirse del recorrido marcado.

Detrás de las grandes avenidas y los museos de renombre existen rincones que parecen esconderse a propósito. Lugares que no suelen aparecer en los folletos turísticos, pero que tienen el poder de sorprender incluso a quienes creen conocer Madrid de memoria.

En este artículo te invitamos a perderte, a caminar sin prisa y a dejarte llevar por la curiosidad. Porque Madrid, más allá de sus monumentos famosos, también es un mapa secreto lleno de joyas ocultas. Y hoy os proponemos descubrir diez de ellas.

Los lugares secretos que debes visitar en Madrid

La estación fantasma de Chamberí

La primera vez que bajamos a la estación de Chamberí tuvimos la sensación de colarnos en un sueño extraño y viajar a otra época al encontrar un andén vacío, azulejos brillando a medias y anuncios de jabón y galletas que parecían esperar a un viajero que nunca llegó. Todo estaba igual que hace medio siglo, como si el reloj se hubiese parado justo antes de que cerraran las puertas.

Lo curioso es que no huele a museo, sino a metro de verdad. Y cuando un tren actual atraviesa el túnel sin detenerse, el destello de las luces convierte los carteles antiguos en un fogonazo de vida. Por un instante, parece que escuchas gente con prisa, voces que se cruzan y hasta el eco de un vendedor de periódicos.

Esta estación, inaugurada el 17 de octubre de 1919, formaba parte de las ocho primeras estaciones de la línea 1 del metro de Madrid. Diseñada por el arquitecto Antonio Palacios, se inspiró en las estaciones parisinas de la época, con azulejos de cerámica blanca y azul cobalto que le daban un aire luminoso y elegante.

Sin embargo, en 1966, debido a la ampliación de la línea y la imposibilidad de adaptar la estación a los nuevos trenes de mayor capacidad, se decidió cerrarla. Durante más de 40 años, la estación permaneció cerrada y prácticamente intacta, lo que permitió que se conservara como un auténtico vestigio del pasado. En 2008, tras una restauración, se reabrió como museo ofreciendo a los visitantes un viaje en el tiempo al Madrid de principios del siglo XX

  • Está en la Plaza de Chamberí (línea 1 de metro).
  • Entrada gratuita, pero con horarios limitados (consulta su página oficial).
  • Mejor ir por la mañana ya que hay menos gente y la atmósfera resulta más auténtica.
  • No es necesario reservar pero sí recomendable para evitar esperas. Las visitas son guiadas y en cada una entran primero los que han reservado hasta completar aforo.

El jardín del Príncipe de Anglona

Y ahora nos vamos hasta el Madrid de los Austrias para visitar uno de nuestros lugares favoritos que podemos visitar en Madrid. Lo curioso es que a pesar de estar en una zona muy turística, para muchos para desapercibido.

Hay rincones de Madrid que parecen jugar al escondite. El jardín del Príncipe de Anglona es uno de ellos. Basta con caminar un poco entre las callejuelas de La Latina para dar con una verja discreta que casi nadie mira. Tras cruzarla, la ciudad se apaga de golpe y solo quedan los setos recortados, los parterres simétricos y un aire señorial que invita a bajar el ritmo frenético que tiene esta ciudad.

Este jardín, de estilo neoclásico con influencias hispano-árabes, fue diseñado en 1761 por Nicolás Chalmandrier como un espacio de recreo para los nobles de la época. Se sitúa sobre un terraplén artificial que salva el desnivel entre la Plaza de la Paja y la calle de Segovia, lo que le confiere un carácter de jardín colgante

No es un parque para correr ni para pasear perros; es un espacio pensado para sentarse en un banco y escuchar cómo las campanas cercanas marcan el tiempo. Aquí se entiende lo que significa tener un “jardín secreto” en pleno centro. Entra con curiosidad y sales con la sensación de haber descubierto un tesoro que los mapas oficiales olvidaron marcar.

  • Entrada por la Plaza de la Paja (La Latina).
  • Abre todos los días, pero conviene comprobar horarios porque suele cerrar temprano.
  • Ideal a primera hora de la mañana o al final de la tarde ya que hay menos gente y la luz suaviza el encanto del jardín.

La Capilla del Obispo

Nos pasó lo de siempre en Madrid: íbamos caminando sin prisa por la Plaza de la Paja y, de pronto, una puerta discreta llamó nuestra atención. Desde fuera parecía una iglesia más, casi escondida entre los edificios del barrio. Pero al entrar… ¡boom! Nos quedamos clavados en el sitio.

La Capilla del Obispo es como abrir una caja que nadie te había contado que existía. Retablos dorados, sepulcros renacentistas que parecen esculpidos en Florencia y una atmósfera solemne que te obliga a bajar la voz aunque no haya nadie alrededor. Mientras estábamos allí, tuvimos esa sensación rara de estar en un lugar “secreto”, como si se hubiera conservado así para unos pocos curiosos que deciden empujar la puerta.

Lo más bonito fue que no había multitudes ni flashes de cámaras. Solo nosotros preguntándonos cómo algo tan espectacular puede pasar desapercibido en pleno centro de Madrid. Fue uno de esos momentos que se quedan grabados.

  • Plaza de la Paja, en pleno barrio de La Latina, justo enfrente del anterior lugar, los jardines del Príncipe de Anglona
  • Los horarios varían, y no siempre está abierta, así que conviene informarse antes.
  • Las entradas para la visita guiada (4€) únicamente se venden por internet en la web de la Catedral de la Almudena.

El cementerio británico

En este artículo queremos recordar el día que fuimos hasta Carabanchel para entrar en el cementerio británico para sentir que cruzamos una frontera invisible. Dejamos atrás el tráfico de la M-30 y, de repente, estábamos rodeados de lápidas en inglés, cruces anglicanas y epitafios que contaban historias de comerciantes, diplomáticos y marineros que acabaron sus días en Madrid.

Lo más sorprendente, además de parecer que caminábamos por un rincón de Londres, fue la sensación de intimidad. No había nadie más, solo nosotros paseando mientras leíamos nombres y fechas. Algunas tumbas parecían sacadas de una novela victoriana, otras guardaban secretos más recientes, como el de un piloto británico caído en la Guerra Civil. En cada lápida había un relato, y nos descubrimos inventando vidas, imaginando cómo esos extranjeros llegaron a parar aquí.

No es un lugar alegre, pero sí profundamente humano. Salimos con esa calma que dejan los sitios donde el tiempo parece haberse detenido, como si Madrid nos hubiera mostrado una de sus páginas más íntimas.

  • Se encuentra en la Calle Comandante Fontanes, 7 (cerca de Carabanchel).
  • Horarios muy reducidos, lo mejor es consultar antes en su web o llamar.
  • Es pequeño, se recorre en media hora. Conviene ir en pareja o en grupo reducido para disfrutar del silencio sin prisas.
  • En cualquier caso recuerda que es un cementerio y que el respeto es fundamental.

El parque de El Capricho

Si Madrid tuviera un parque sacado de un cuento, sería El Capricho, situado en el Barrio de Barajas. Lo hemos visitado varias veces y siempre descubrimos algo nuevo gracias a sus árboles centenarios, templetes escondidos entre arbustos o un palacete que parece esperar a que aparezca una marquesa con vestido de época.

Cada esquina del Parque del Capricho es una sorpresa. Puedes encontrar un pequeño laberinto vegetal en el que, por supuesto, hay que perderse. O descubrir un fortín subterráneo de la Guerra Civil, que contrasta con la delicadeza romántica del jardín. Y mientras paseas, te invade una sensación de estar recorriendo un escenario diseñado para el juego, la belleza y la fantasía.

Lo mejor es que no tiene la masificación del Parque del Retiro, al encontrarse muy lejos del centro de la ciudad, aunque cada vez es más conocido. Aquí se camina despacio, se descubren rincones sin prisa y se disfruta de la calma.

  • Alameda de Osuna (metro El Capricho, L5).
  • Abre solo fines de semana y festivos. Entrada gratuita.
  • En primavera y otoño está especialmente bonito. Conviene llegar temprano: la capacidad es limitada y cierran el acceso cuando se llena.
  • A tener en cuenta si tienes mascotas, que no admiten perros ni otros animales.

El Templo de Debod… al amanecer

Suponemos que no esperabas encontrar el Templo de Debod en un listado de lugares secretos de Madrid. Pero tiene truco. Todos conocemos las fotos del Templo de Debod al atardecer con su cielo rojo, los reflejos en el agua y multitudes de turistas sacando selfies. Pero nosotros, el día que decidimos probar algo distinto como llegar al amanecer, nos cambió la imagen que teníamos de aquí.

Cuando llegamos solo estábamos unos pocos madrugadores. La luz suave de la mañana bañaba los bloques de piedra egipcia, y el templo parecía flotar sobre un espejo de agua silencioso. Un regalo para los sentidos situado en pleno barrio de Argüelles y tan cerca de la bulliciosa Plaza de España.

  • Parque del Oeste, cerca de Plaza de España.
  • Mejor visitarlo entre las 7h y las 9h de la mañana para evitar multitudes. Aunque recuerda que si quieres visitar su interior no abra hasta las 10h.
  • Llevar calzado cómodo y cámara: la luz suave del amanecer convierte cada ángulo en un instante fotográfico único.

El frontón Beti-Jai

Cuando nos encontramos con el frontón Beti-Jai, lo primero que pensamos fue: “¿Pero esto existe aquí?”. La fachada neomudéjar parecía sacada de otra época, y el interior… bueno, es como entrar en un estadio detenido en el tiempo.

Caminamos por las gradas vacías, tocamos las paredes de ladrillo y escuchamos el eco de nuestros pasos. Nos imaginamos a la gente de finales del XIX y principios del XX, con sus gorras y pañuelos, animando a los jugadores de pelota vasca mientras los gritos y aplausos rebotaban entre las paredes. Había algo emocionante en ver un lugar tan grande y tan vivo en su historia… ahora tan silencioso.

No hace falta ser fan de la pelota para disfrutarlo. Basta con dejar que te sorprenda, mirar los detalles de hierro forjado y ladrillo, y sentir que has descubierto un rincón que los madrileños guardan como secreto.

  • Calle Marqués de Riscal (Metro Rubén Darío, L5)
  • Se puede visitar por libre pero también con visitas guiadas; mejor consultar horarios antes de ir en su página web.
  • Ideal para ir con alguien que disfrute de la historia urbana y la arquitectura curiosa.
  • En Madrid hubo una gran afición a la pelota vasca hasta tal punto de que hubo 8 frontones en la ciudad. El Beti-Jai es el único que se conserva.

La iglesia de San Antonio de los Alemanes

Si pasas por este rincón de Malasaña lo más probable es que entres sin muchas expectativas, o que incluso ni entres. Desde fuera, la iglesia parece discreta, una más del barrio. Pero al abrir la puerta… nos te quedas boquiabierto. Las paredes y la cúpula están completamente cubiertas de frescos barrocos con ángeles, santos y escenas que se entrelazan hasta no dejar ni un centímetro libre.

Aunque hemos ido varias veces, todavía recordamos la primera en la que caminamos despacio, intentando asimilar cada detalle. Nos sorprendió la claridad de los colores y la sensación de que todo estaba pensado para dejarte sin aliento. Es el tipo de lugar que hace que olvides que estás en Madrid, entre calles ruidosas y bares, y te sientas como si hubieras descubierto un pequeño tesoro escondido.

Lo mejor es parar un buen rato observando los frescos desde diferentes ángulos, comentando Sin duda, una joya que merece más visitas de las que recibe.

  • Calle de la Puebla, 22 (Muy cerca de Callao).
  • Suele abrir todos los días en horario de mañana y tarde; conviene mirar horarios exactos antes de ir.
  • Mejor visitarla con calma y disfrutar de los frescos sin prisas; llevar una guía o app puede ayudarte a captar los detalles más interesantes.

El Pasadizo del Panecillo

Aunque vivimos en Madrid, hay rincones que nos sorprenden cada vez que volvemos a pasear por ellos. El Pasadizo del Panecillo es uno de esos lugares. Una callejuela estrecha, silenciosa, donde apenas llegan los transeúntes, y que conserva un aire de otros siglos: faroles antiguos, paredes con historias y el murmullo de la ciudad que se siente muy lejano.

El nombre del pasadizo proviene de una tradición instaurada a principios del siglo XIX por el cardenal-infante Luis Antonio Jaime de Borbón y Farnesio, arzobispo de Toledo y fundador del Palacio Arzobispal.

Este gesto caritativo consistía en repartir pan a los más necesitados a través de una ventana del palacio, con la condición de haber asistido previamente a misa. Esta costumbre atrajo a numerosos indigentes, lo que derivó en aglomeraciones difíciles de controlar. Como consecuencia, en 1829 se decidió clausurar el pasadizo por razones de seguridad, instalando rejas en ambos extremos que permanecen hasta hoy.

  • Pasadizo del Panecillo, junto al Palacio Arzobispal, cerca de la Plaza de la Villa
  • Acceso restringido; actualmente solo es accesible para miembros del Palacio Arzobispal. Pero se puede ver desde la verja.
  • Ideal para imaginar cómo era la vida en Madrid hace siglos, aunque el acceso sea limitado.

Las sorpresas que tiene Madrid

Vivir en Madrid nos da una ventaja: podemos recorrer sus calles sin prisas, sin guías ni mapas turísticos, y aun así descubrir rincones que parecen secretos guardados solo para nosotros.

Conocer estos lugares nos recuerda que Madrid no se agota en sus monumentos más famosos. Cada callejuela, cada pasadizo o cada palacete olvidado tiene algo que contar si uno se detiene a escuchar. Y aunque vivamos aquí, seguimos encontrando sorpresas, detalles que nos hacen redescubrir la ciudad como si fuera la primera vez.

Así que la próxima vez que paseemos por Madrid, vale la pena mirar un poco más allá de lo evidente y abrir puertas discretas, girar en esquinas que antes ignorábamos y dejar que la curiosidad nos guíe. Porque la verdadera magia de Madrid está en esos rincones ocultos que esperan ser descubiertos… incluso por quienes ya la llamamos hogar.

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